jueves, 21 de mayo de 2015

AMÉRICA OUT OF NOVORUSSIA! - INTERESANTE VIDEO

En relación con las dos últimas entradas, ponemos este video de una canción de protesta en contra de la influencia estadounidense en Ucrania y Novorrusia (territorios de Donetsk y Lugansk, recientemente escindidos de Ucrania). 

Cita notable: "The combination cross and sword can't break!": "la unión de la cruz y la espada no se puede romper!" El rechazo de esta gran verdad está en el origen del derrumbe de la Iglesia y del mundo.

La presencia de una imagen distintiva del autor del video, con la curiosa mezcla de la hoz y el martillo, la estrella roja y la cinta de la Orden de San Jorge; da cuenta de que Rusia vive actualmente un proceso de transición.

El video está subtitulado en inglés. Si los subtítulos no aparecen, se debe activar la función en el ícono que se encuentra a la izquierda del que tiene forma de engranaje, en la parte inferior del video. 





RUSIA - OCCIDENTE: DOS ELOCUENTES FOTOS MÁS

Hacia la "Santa Rusia"

Hacia el Infierno

RUSIA Y OCCIDENTE EN DOS FOTOS



martes, 19 de mayo de 2015

ARSENIUS: VISITAS DE RECICLAJE

Prelados "conservadores" que hacen las visitas de evaluación a la FSSPX.
El Card. Mayer[i] visitó a Dom Gérard y a Barroux y ambos fueron reciclados…
El P. Fernando Guimarães[ii] visitó a los padres de Campos y estos fueron reciclados…
Un Padre de Campos visitó al P. Muñoz, y él y la comunidad del Oasis se reciclaron…
Otras visitas que no conozco, pero que ciertamente sucedieron, están seguramente al inicio del reciclaje de otras comunidades otrora de la Tradición y que ahora son ralliés.
Es sabido, por otro lado, que Mons. Schneider hace visitas a la FSSPX. Ésta ya ha dado algunos pasos en dirección a un futuro reciclaje, aunque el Prefecto de Ecclesia Dei afirmó que Mons. Fellay está teniendo que preparar a los miembros de la Fraternidad que aún no están listos para el proceso de reciclaje, es decir, es preciso cocinar bastante el gallo: un poco de paciencia… y por fin, el león de papel caerá en las fauces del lobo, que no es de papel…
Si hay alguien engañado y con argumentos infundados no son, por cierto, los de la Resistencia, son los que sueñan no cambiar nada (incluso con atacar a los fautores de errores, o ¿no solamente los errores callando a sus fautores?), haciendo una regularización de su situación con todas las garantías posibles (?!). Los hechos pasados lo prueban. Las visitas en el presente, son por otro lado el preludio de un triste futuro.
Quien pueda, que se sujete fuertemente (o que salte al bote salvavidas), pues la barca está por ser sacudida por la tempestad.



[i] Cardenal Paul Augustin Mayer OSB, miembro de la Comisión preparatoria del Vaticano II, presidente de la Comisión Ecclesia Dei de 1988 a 1991. Fue recibido por Dom Gérard el 20-21 de junio de 1988 donde el Cardenal hizo la propuesta para la “regularización”. (NDT)
[ii] Oficial de la Congregación para el Clero. (NDT)

DOMINICOS DE AVRILLÉ: ¿PERO DE DÓNDE PROVIENE ESTA EVOLUCIÓN DOCTRINAL?

Este texto, escrito hace algunos años por un sacerdote de la Fraternidad San Pio X, fue dirigido a aquellos de sus cofrades que han dejado la FSSPX para recibir un estatus canónico oficial de la iglesia conciliar. El trata de encontrar la razón que explicaría su evolución doctrinal.
Existe una distorsión importante entre las declaraciones más claras, las más constantes y las más antiguas de Mons. Lefebvre sobre la reforma litúrgica, la libertad religiosa y el concilio Vaticano II, y las posiciones actualmente sostenidas por ustedes.
En tal situación, sólo tres hipótesis son posibles: sea que ustedes no conocieron las posiciones reales de Mons. Lefebvre y de la FSSPX y ustedes siguieron al prelado y su obra por ignorancia; sea que conociéndolas y no aprobándolas, ustedes hipócritamente dieron la apariencia de permanecer con Mons. Lefebvre y la FSSPX; o sea que la diferencia se explica por su evolución doctrinal sobre este problema, entre el período de antes de las consagraciones episcopales y después de éstas.
La hipótesis de la ignorancia me parece sicológicamente imposible, e incluso absurda. Es evidentemente imposible que ninguno de ustedes haya leído jamás ninguna obra de Mons. Lefebvre, no haya asistido a ninguna de sus predicaciones, no haya nunca escuchado hablar de sus posiciones más constantes y más oficiales. La ignorancia en esta materia debe rechazarse absolutamente.
La hipótesis de la hipocresía puede ser posible. Sin embargo, ella me parece muy poco probable dado el número de personas involucradas y su calidad moral.  Además, esta hipótesis representa una injuria tan grave, que solo una declaración explícita en este sentido de las personas involucradas, podría hacerme admitirla. Es por eso que descarto la hipocresía como causa explicativa de su evolución.
Por lo tanto, si ustedes conocen la posición de Mons. Lefebvre sobre la reforma litúrgica, la libertad religiosa y el concilio Vaticano II (se descarta la ignorancia); si ustedes no eran opositores clandestinos y mentirosos (se descarta la hipocresía); entonces la tercera hipótesis es la buena forzosamente; su cambio de posición se explica por una evolución doctrinal sobre este problema.
¿Pero de dónde proviene esta evolución doctrinal?
Aquí, dos hipótesis son posibles: sea que la causa es de orden puramente doctrinal, sea que ésta es de orden moral y sicológico.
La hipótesis de una evolución puramente intelectual parece apuntar más a un milagro que a la historia. Habría que imaginar un súbito cambio de los espíritus, una iluminación intelectual sobre la bondad de la reforma litúrgica, sobre la verdad de la declaración Dignitatis humanæ, sobre la oportunidad del concilio Vaticano II. Un historiador serio no puede más que recusar una hipótesis tan poco probable.
La única hipótesis válida es por lo tanto la de una causa moral y sicológica, es decir, que se origina por circunstancias exteriores. Por lo tanto, solo una causa es posible: son sus negociaciones con Roma y con los obispos diocesanos.
En efecto, todos sus interlocutores romanos y diocesanos están a favor de la reforma litúrgica, de la declaración Dignitatis humanæ y del concilio Vaticano II. Por lo tanto es evidentemente natural e históricamente cierto que, cuando ustedes negocian con Roma y los obispos y reclaman ciertas concesiones, ustedes están en la obligación de callarse, de ablandar o de hacer desaparecer su oposición a la reforma litúrgica, a la declaración Dignitatis humanæ y al concilio, bajo pena de encontrarse en una situación sicológica insostenible. Esta es la única y verdadera causa de su evolución doctrinal: el peso moral de sus interlocutores y su propio deseo de lograr resultados tangibles en las difíciles negociaciones donde ustedes están en una posición minoritaria. Tal situación los obliga a hacer concesiones, por lo menos verbales.
Yo no afirmo que ustedes hagan estas concesiones por cobardía. Simplemente que, llegando a este punto de su evolución, ustedes estiman posible y necesario atemperar ciertas oposiciones con el fin de obtener resultados más importantes. Pero, considerando objetivamente su actitud actual, estoy obligado a notar una retirada sobre los puntos que siempre han sido considerados como vitales en el combate tradicionalista.
La conclusión es por lo tanto extremadamente clara: a pesar de su buena voluntad y su deseo inicial de permanecer fieles a la Tradición, les ha sido imposible mantener firmemente su oposición a la reforma litúrgica, a la libertad religiosa y al concilio, y al mismo tiempo continuar las negociaciones con interlocutores que mantienen firmemente su apoyo a esta reforma litúrgica, a esta libertad religiosa y a este concilio.
En el estado actual de las cosas, las negociaciones y los acuerdos con Roma y con los obispos diocesanos deben terminar necesariamente, tarde o temprano, en el abandono de las posiciones sostenidas desde siempre por la Tradición y notablemente por Mons. Lefebvre.
Dicho de otro modo, la Roma actual no tiene más que una finalidad: llevar a todos los que negocian con ella hacia los errores del concilio y hacia la reforma litúrgica. He aquí la cruda verdad: Roma no apoya realmente a la Tradición, es por eso que ella no ha mantenido sus promesas, es por eso que ella sinceramente no quiere que las negociaciones tengan éxito.
***
El autor del texto precedente ha evolucionado también, como lo muestra esta declaración de diciembre de 2014 en una revista de gran difusión:
Nosotros deseamos con todo nuestro corazón, lo más rápido posible, una “reconciliación” que sea buena para unos y para otros, y en general para toda la Iglesia. Las dificultades son objetivas, ellas no dependen de los individuos, pero podemos pedir siempre que el Señor “reúna a todos en la unidad”. Es lo que pedimos todos los días con fervor.
La Roma conciliar no se ha convertido. El peligro sigue siendo el mismo.


lunes, 18 de mayo de 2015

COMENTARIO ELEISON - Número CDIX (409) 16 de mayo de 2015



Pecado Vengado



Quienquiera “Dios” sea, la culpa es de Él hoy en día.
Sin embargo, ¿quiénes sino los hombres inflaman la Ira Divina?

Inmersos como todos estamos en el mundo alrededor nuestro, resulta difícil, especialmente para la gente joven, darse cuenta en qué situación tan anormal el mundo se ha puesto. Nunca en toda la historia de la humanidad ha sido Dios tan desacreditado, descreído y, en efecto, eliminado de la vida de los hombres. Y, dado que todo pecado es primordialmente una ofensa contra Dios, entonces así como los hombres pierden todo sentido de Dios, así ellos pierden todo sentido del pecado. Por consiguiente, los hombres están siempre en lo correcto, y “Dios”, quienquiera que Él pueda ser, está siempre en lo incorrecto, de manera tal que cuando las cosas van mal “Él” puede ser siempre traído de vuelta por el tiempo que sea suficiente para echarle la culpa.

Esta actitud ampliamente difundida hace prácticamente imposible comprender la aparente severidad de Dios en el Antiguo Testamento donde, por ejemplo, comanda a los Israelitas a exterminar pueblos enteros, tal como en el libro de Josué. Pero los eruditos de la Escritura católica que no han perdido su sentido del verdadero e inmutable Dios, ponen las cosas de vuelta en perspectiva. He aquí, por ejemplo, un resumen del comentario realizado por un Benedictino moderno, Dom Juan de Monléon (1890–1981), acerca de la matanza de los Cananeos por parte de los Israelitas, bajo su líder, Josué:

"En cuanto a Josué mismo concierne, él no estaba actuando por odio, racismo, codicia, ambición, o lo que fuere, sino bajo estrictas, precisas y repetidas órdenes de Dios mismo. San Juan Crisóstomo dice que Josué pudo haber personalmente preferido alguna solución menos asesina, pero que ciertamente Dios tenía sus propias razones. Estas no las podemos saber por seguro pero podemos hacer conjeturas razonables. Para empezar, todos nosotros seres humanos, a causa de nuestro pecado original (“¿Qué es eso?” grita el hombre moderno), tenemos que pagar la deuda de la muerte, cuyo momento, manera y lugar son decididos por el Dueño de la Vida y de la Muerte, que es Dios. Para pecadores como los Cananeos, morir más vale antes que después podía ser una misericordia, especialmente si la manera de la muerte les dio a ellos tiempo para arrepentirse y salvar sus almas para la eternidad.

Luego, los Cananeos eran ciertamente pecadores, inmersos en la perpetración de crímenes terribles y, tanto como la humanidad antes del Diluvio, o como los Sodomitas y Gomorranos, ellos habían hecho que la copa de la ira de Dios desbordara: prostitución de todos los tipos, bestialidad, incesto, brujería y, en particular, el asesinato ritual de niños, como lo prueba múltiples excavaciones arqueológicas en Palestina por las cuales diminutos esqueletos han sido descubiertos en contextos que claramente los identifican como víctimas sacrificatorias, etc. Es más, si a los Cananeos se les hubiera permitido sobrevivir, ellos hubieran presentado un grave peligro de corrupción para los Israelitas, como la historia subsiguiente únicamente bien claramente lo demostró.

En tiempos más recientes, hace algunos 400 años (¡pero todavía antes del advenimiento del liberalismo!), los primeros misioneros en Canadá se encontraron obligados a concluir que la única manera de tratar con una cierta tribu india era exterminándola. Una Santa canonizada dijo, “Luego de repetida experiencia de su traición, sea por la paz o sea por la Fe no hay ninguna otra esperanza que albergar para ellos”. (Fin de Dom Monléon)

Esto todavía choca a las susceptibilidades modernas, pero ¿no es simplemente pena capital tribal en oposición a la individual? El principio de la pena capital es que por tales crímenes anti-sociales tales como, por ejemplo, asesinato, traición, falsificación, homosexualidad, etc., los hombres son capaces de comportarse de tal manera como para hacerse ellos mismos ineptos para vivir ya más en sociedad y, entonces, la legítima autoridad de la sociedad tiene el derecho de quitarles sus vidas (uno puede objetar que no todos los individuos en una tribu serán igualmente culpables, pero está de más decir que Dios Todopoderoso puede hacer, y hará, todas las distinciones necesarias).

Todo el problema se resume en el descreimiento de la grandeza y de la bondad de Dios, pero digamos aquí simplemente que el Antiguo Testamento no es tan cruel ni tan pasado de moda como a menudo se lo hace parecer.

Kyrie eleison.

domingo, 17 de mayo de 2015

DOMINICOS DE AVRILLÉ: PEQUEÑO FLORILEGIO DEL PADRE CALMEL


P. CALMEL
Sobre algunos temas candentes o menos candentes.
El P. Roger-Thomas Calmel O.P. falleció el 3 de mayo de 1975 (primer sábado del mes de María). Por el vigésimo aniversario de su llamado a Dios, nosotros publicamos en su memoria, hace veinte años, un número especial de Le Sel de la terre (el número 12 bis, del cual quedan algunos ejemplares).
Por su cuadragésimo aniversario, les presentamos este pequeño florilegio.
Le Sel de la terre.
El lenguaje flexible
En julio-agosto de 1964 -la primera sesión del Vaticano II había concluido hacía algunos meses- el P. Calmel atacaba, en Itinéraires, el lenguaje flexible que invadía la Iglesia.

"Yo siempre tuve horror a las expresiones flexibles, viscosas o evasivas que pueden ser tomadas en todos los sentidos, a las cuales cada quien puede hacer decir lo que quiera; el tecnócrata por ejemplo podría encontrar allí la aprobación de su despotismo tecnocrático y el ermita fabricante de cestas, una consoladora bendición por su trabajo de contemplativo. Y las expresiones flexibles, viscosas o evasivas me provocan tanto más horror cuando se cubren de autoridades eclesiásticas: los monseñores, los sacerdotes o los abades. Sobre todo, estas expresiones me parecen una injuria directa a Aquél que ha dicho: Yo soy la Verdad Ustedes son la luz del mundo Que vuestra palabra sea sí, sí, no, no".[i]
El «complotismo»
Denunciando la « táctica del Dragón en los tiempos modernos, que suscita sociedades ocultas, verdaderas contra-sociedades que se infiltran como un virus en las sociedades santas para desnaturalizarlas », el P. Calmel agrega:
"Los cristianos que lo reciben con una sonrisa indulgente cuando usted evoca las sociedades secretas y sus proyectos de subversión mundial, muestran sobre todo que ellos tienen una idea muy corta de la malicia del demonio y de sus métodos de combate. No es porque ciertas obras sobre las sociedades secretas testimonien un simplismo que aflige, que es razonable y cristiano tener a estas sociedades como de cantidad despreciable, cercana a cero".[ii]
El espíritu del Vaticano II
Siempre abrimos con una especie de sobrecogimiento el prólogo de La Apología por la Iglesia de siempre del P. Calmel[iii]. Encontramos allí, de entrada, uno de los más penetrantes análisis que jamás hayan sido realizados sobre el Vaticano II, sus intenciones, sus ilusiones, su espíritu. En el cincuenta aniversario de la clausura de este concilio, convendría reproducir estas páginas:
"Extraviados por la gran quimera de querer descubrir los medios infalibles y fáciles de realizar de una buena vez la unidad religiosa del género humano, los prelados, los prelados que ocupan los cargos más importantes, trabajan en inventar una Iglesia sin fronteras en la cual todos los hombres, previamente dispensados de renunciar al mundo y a Satanás, se encontrarán sin tardanza libres y fraternales. Dogmas, ritos, jerarquía, incluso el ascetismo si se quiere, todo subsistirá de la primera Iglesia, pero todo será desprovisto de las protecciones requeridas, queridas por el Señor y precisadas por la Tradición; por lo mismo todo será vaciado de la savia católica, de la gracia y de la santidad. Los adeptos de las confesiones más heteróclitas, e incluso aquellos que rechazan todas las confesiones, entrarían entonces al mismo nivel; pero ellos entrarían a una Iglesia engañosa. Esta es la presente tentativa del prestigioso amo de las mentiras y de las ilusiones. He aquí la gran obra, de inspiración masónica, en la cual hace trabajar a sus secuaces, sacerdotes sin la fe promovidos como teólogos eminentes, obispos inconscientes o felones si no apóstatas disfrazados, llevados rápidamente al colmo de los honores, investidos de las más altas prelaturas. Ellos consumen su vida y pierden su alma edificando una Iglesia posconciliar, bajo el sol de Satanás.
     Los dogmas, decididamente golpeados por el relativismo de la nueva pastoral que no condena ninguna herejía, ya no proponen un objeto preciso y sobrenatural; por consiguiente ya no es necesario para recibirlos, suponiendo que la palabra conserve todavía en este caso un significado, de inclinar la inteligencia ni de purificar el corazón.
    Los sacramentos se ponen al alcance de aquellos que no creen ; ya casi nada impide de acercarse a los incrédulos y los indignos, los nuevos ritos eclesiásticos se han vuelto extraños, por su inestabilidad y su fluidez, al signo sacramental eficaz de sí mismo, divinamente fijado por el Salvador una vez por todas y hasta que Él regrese.
       Para la jerarquía, ella se disuelve insensiblemente en el pueblo de Dios del cual tiende a convertirse en una emanación democrática, elegida por sufragio universal para una función provisoria.
Gracias a estas innovaciones sin precedentes, se felicitan de haber abatido las barreras que retenían fuera de la Iglesia a aquél que todavía ayer, en el período preconciliar, rechazaba los dogmas, rechazaba los sacramentos, no se inclinaba ante la jerarquía. Sin duda, tal como lo entendíamos antes del concilio, dogmas, sacramentos, gobierno, exigencia de conversión interior, daban a la Iglesia el aspecto de una Ciudad Fortificada – Jerusalem quæ ædificatur ut civitas [iv]- con las puertas bien custodiadas y murallas inexpugnables. Nadie era admitido a franquear el umbral divino que no estuviese convertido. Sin embargo, desde entonces las cosas cambian bajo nuestros ojos; creencias, ritos, vida interior, están sometidos a un tratamiento de licuefacción universal tan violenta y tan perfeccionada que ellos ya no permiten distinguir entre católicos y no-católicos. Puesto que el sí y el no, lo definido y lo definitivo son tenidos como sobrepasados, uno se pregunta lo que impedirá que las mismas religiones no-cristianas formen parte de la nueva Iglesia universal, continuamente actualizada por las interpretaciones ecuménicas.
Uno se pregunta, si por lo menos se acepta el punto de vista que se dejaron imponer tantos y tantos Padres engañados por el Vaticano II : forjar un sistema desconocido anteriormente y un aparato todavía inédito para ganar el mundo a la Iglesia sin ser expuesto al fracaso ni sufrir persecución y comenzando por relativizar lo sobrenatural. Pero esto no significa nada. Porque por una parte Jesús dijo: El discípulo no es mayor que su Señor; si a Mí me han perseguido, los perseguirán también a ustedes; si han guardado Mi palabra, también guardarán la vuestra (Juan 15,20). Por otra parte lo sobrenatural no es volatilizable o modificable; es firme y preciso; presenta un rostro determinado; tiene una configuración completa y definitiva; desde la Encarnación del Verbo, desde la Cruz redentora y el envío del Espíritu Santo, lo único sobrenatural que existe es cristiano y católico. No hay más realidad que in Christo Jesu, et Virgine Maria et Ecclesia Christi[v]. Es por eso que si preservamos en el alma el punto de vista del Evangelio de Jesucristo y de los veinte primeros concilios, vemos muy claramente lo que reprime hasta la nada la quimera de la unidad ecuménica: es la obligación de doblar la rodilla ante el Hijo del hombre, autor y dispensador soberano de la salvación, pero únicamente en la única Iglesia que Él ha establecido".
La oración del P. Calmel
Para completar este florilegio y percibir, más allá de los combates que llevó a cabo tan valientemente, alguna cosa del alma del P. Calmel, he aquí una de sus oraciones.
"Yo sé bien, Oh mi Dios, que mis obras, mis luchas, mis escritos no os interesan, y por lo demás, en el fondo, tampoco me interesan; Vos no queréis en ellos más que la prueba de mi fe, de mi confianza, de mi amor; yo os los doy honestamente cumplidos, cierto, pero yo no quiero dároslos más que a este título de testimonio.
Ponedme bajo el manto de Vuestra divina Madre, cercano a su Corazón: que Ella me inspire, me sostenga y me guarde, Señor Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, Sacerdote soberano y Eterno. Amén".
Ya no hay una sola Iglesia sino dos.
"Desde Paulo VI ya no hay una Iglesia sino dos. Obedezca a la Iglesia, obedezca a Roma, nos gritan los jerarcas y los silenciosos[vi]. Ellos pueden desgañitarse hasta enfermar, ellos han acabado de impresionarnos pues ahora nosotros sabemos que hay dos Romas así como hay dos Iglesias. Obedecer a Roma, obedecer a la Iglesia es lo único que queremos; estamos seguros que no hacemos otra cosa. Pero justamente Roma, la única Roma, la Roma que todavía está en Roma, es la de los doscientos sesenta y dos pontífices que no contradicen a la Roma anterior a la de Paulo VI y de antes del concilio. La Iglesia, la única Iglesia es aquella que no opone una misa moderna a la de quince siglos de Misas; que no sustituye hipócritamente el catecismo de Batavia al Catecismo de Trento; que transmite la Sagrada Escritura integral en lugar de traficarla; que guarda lo que todavía permanece intacto de la vida religiosa contemplativa o activa en lugar de desintegrarla y disolverla en nombre de la obediencia. Nosotros obedecemos a la Iglesia una, la que domina el mundo moderno y la pretendida civilización técnica. Nosotros no obedecemos a una iglesia modernista, una iglesia aparente que está irremediablemente comprometida en el engranaje de un mundo que ella pretendió desposar. Esta seudo iglesia puede encarnizarse en reducir a la esclavitud a la única Iglesia, nosotros no estamos engañados. Nosotros no somos de la Roma que ya no está en Roma; nosotros no somos de la iglesia aparente y polivalente. Nosotros somos de la Iglesia de siempre, de la Roma de siempre. Esta es el alma de nuestra resistencia. Itinéraires 190, p. 9".
Tener el valor de ver lo que es
"Debemos tener el valor de ver lo que es: por un proceso insensible, una iglesia aparente está sustituyendo a la Iglesia verdadera. Nosotros sabemos que ella no lo logrará; pero la confusión y la corrupción pueden llegar muy lejos y hasta seducir, si fuese posible, a los mismos elegidos. Me parece que sobre todo, por la extensión de la iglesia aparente es que se realiza el aumento de la apostasía".
Infiltración
"¿Cómo es que hemos descendido hasta este punto y con esta rapidez? Sería, me parece, una explicación insuficiente el tener en cuenta, únicamente, a los teólogos heterodoxos o incluso la astucia y la audacia de los novadores furiosos. Fue necesario, al mismo tiempo, la acción ininterrumpida de estos organismos ocultos que son expertos en el arte temible de orquestar las palabras ambiguas (si no francamente heréticas), que les imponen poco a poco a los laicos o a los eclesiásticos, que sopesan sin parecer una abrumadora presión sobre las autoridades oficiales. Así, tengamos mucho cuidado de no olvidar a las masonerías de todas clases y su funcionamiento metódico cuando buscamos una explicación suficiente de esta novedad apocalíptica de los tiempos actuales: una Iglesia aparente que se infiltra en la verdadera Iglesia e intenta suplantarla. Hablamos de infiltración. Se trata en efecto, en nuestros días, de una penetración poco visible, superficial a primera vista, poco aparente, insidiosa, más que una persecución abierta. Siguiendo las sugerencias de Roca y de Saint-Yves dAlveydre, las masonerías se preocupan menos de combatir la Iglesia violentamente que de remover delicadamente, bajo anestesia previa, lo que la constituye en sí misma: la vida sobrenatural y la estructura jerárquica con el primado pontifical".


[i] — Roger-Thomas Calmel O.P. «El lenguaje flexible», Itinéraires 75 (julio-agosto 1963), p. 76.
[ii] Roger-Thomas Calmel O.P. «Revelación divina sobre la historia humana», Itinéraires 73 (mayo 1963), p. 135.
[iii] Redactada a finales del año 1970 y principios de 1971, esta Apología apareció primero en la revista Itinéraires de marzo a julio de 1971, luego fue editada aparte en el otoño. La edición definitiva (realizada por las religiosas de Brignoles), fue publicada en 1987 por Itinéraires y Difralivre.
[iv] Jerusalén que está construida como una ciudad, Salmo 121, 3.
[v] En Cristo Jesús, la Virgen María y la Iglesia de Cristo (NDLR).
[vi] Los silenciosos: alusión al movimiento Los Silenciosos de la Iglesia, lanzado por Pierre Debray, y que quería agrupar a los católicos conservadores… ¡en la perfecta obediencia al papa! (NDLR)